Dragoon
Administrador

Registrado: 08 Sep 2006 Mensajes: 338 Ubicación: Dentro de un Corazon
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La Ventana |
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La Ventana
Era el comienzo de un nuevo día. Mi despertar fue dulce, sentía que sería diferente. Me despierta el alegre canto de los pájaros, y el sol q golpea suavemente en mis ojos me dicen que ya es hora de comenzar. Miro a través de mi ventana, y veo cuan linda es la naturaleza. El jardín, ese jardín, es la plenitud desplegada de ella. La naturaleza es sabia dicen, pero para mi, ese día, la naturaleza era sentimientos, era hermosura, era lo mas lindo que mis ojos podían presenciar. A través de mi ventana, podía observar las rosas, sentir su suave fragancia, que se peleaba por llegar hasta mi y cautivarme. Esa lindas rosas, atrayendo también a las abejas, y a todo animal cercano que no se les puede resistir. Ver correr alegremente a toda criatura viva, el amor, la paz, la tranquilidad cubrían mi bello jardín. Veía a los conejitos repartirse entre ellos alguna que otra zanahoria, a los ciervitos andar por todos lados, como niños que se encuentran en un parque de diversiones. Era espléndido disfrutar de su gracia y su ternura… El sol, cual disco dorado, acompañaba todas sus acciones, como si el fuera el padre de toda esa bella escena, y el encargado que no me pierda ni un solo detalle desde mi ventana. El cielo, los árboles, y el sol, formaban un cuadro donde ni el más habilidoso de los pintores podría representarlo. Eso era la perfección… me hacía sentir libre, único, con ganas de vivir ahí para siempre, de dejar responsabilidades y empezar a correr y disfrutar como ellos. Cuando tomaba la iniciativa, vi a lo lejos una pequeña nube, que de a poco empezó a cubrir un poco el resplandor del sol. No hubo muchos cambios, pero el ambiente se había modificado. Se notaba, la incertidumbre llego junto con aquella nube, suave, despacito, pero iba tomando su lugar, ya los juegos de aquellos seres no eran iguales, estaban pendientes, estaban mirando de reojo las nubes, las rosas ya no emitían ese dulce aroma, las abejas ya no las seguían, No sentía las mismas ganas de salir, aunque el paisaje no cambio, si su actitud, y sentía frío y calor por todo el cuerpo, todo por aquella nube, ella sembró en mi jardín esa incertidumbre… De pronto, noté una lágrima en mi cara, pero no era yo, era el cielo que lloraba por aquel paisaje que había cambiado. Las primeras gotas empezaron a caer, suavemente primero, como queriendo no romper ese lindo cuadro, pero no aguanto, poco a poco, fue cayendo con más bronca. El cielo, celoso de aquel jardín, empezó a atacarlo, sus fuertes vientos y su agua congelada caían en él, y no había manera de detenerlo. Inútilmente las rosas ponían resistencia. Eran cruelmente arrancadas de su hogar, eran asesinadas por el tremendo poder del viento. Los animalitos corrían, atropellándose entre ellos, toda aquella felicidad fue cambiada, fue cambiada por un sentimiento de miedo, de desolación, de sobrevivencia. Quería ayudar, pero mis pies no me permitían, no entendía, como todo cambió, cuanto tiempo pasó, ni porqué… Solo se, que ahí me quede, hasta que el cielo ya no tuvo mas fuerzas, hasta que sus suspiros fueron acabándose y todo quedó en un tenebroso silencio. De mi hermoso jardín, solo quedaban rastros de lo que una vez fue, no había nada, ni mis rosas, ni los ángeles que hacían sonar sus campanitas, ni la felicidad que antes desbordaba. No podía soportar más. Mis pies se liberaron, me podía mover, pero no hice mucho, llegué hasta mi cama, me recosté con el frío recorriéndome el cuerpo una vez más. Quise dormir, pero antes de hacerlo, comprendí aquel suceso, comprendí mi jardín. Aquel hermoso lugar, ángel, no era más que el amor que siento hacia vos. Era lo más hermoso del mundo, la perfección, pero aquella nube, fue tu duda, fue tu falta para una respuesta, fue el sentir que capaz no te pudiera tener, y cada vez, ese presentimiento fue más grande, hasta que, finalmente, caí en la cuenta que así sería. Mi princesa, la destrucción, la desolación, fue el resultado de tu partida, mi mundo cayó, cambió, se desmoronó tal cual lo hace una casa construida sobre arena, no tuvo cimientos. Ahora mi amor, dependerá de mí ver si ese dulce jardín que poseía puede reconstruirse. Espero mi vida, poder sentir el amor por vos siempre y recomenzar todo, aunque, esta vez, mi cielo, se que no estarás conmigo… Te sigo amando, ahora y siempre.
GASTON

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